De las verdades fundamentales de Cienciología, puestas en manos tanto de los cienciólogos como de quienes no lo son, provienen las soluciones de L. Ronald Hubbard para las humanidades.
Para enumerar los pormenores, existen sus herramientas educativas que ahora emplean millones de estudiantes y profesores en todos los continentes, y que se describen como la clave única para toda la alfabetización y aprendizaje en el sur de África. Está su programa para reformar criminales, que del mismo modo se emplea en cada continente, y al que regularmente se le acredita reducir el 90 por ciento de la reincidencia a prácticamente nada. Existe su método para rehabilitar drogadictos, que regularmente termina con 10 ó 20 años de consumir substancias adictivas en casos que antes se juzgaba que no tenían remedio, y también se le acredita salvar a cien mil adictos irreversibles en 70 países. Está su sistema para una administración cuerda y equitativa que ahora funciona en unas 80.000 empresas privadas y públicas de todo el mundo, y se le acredita el revivir industrias completas. Finalmente, existe el código moral no religioso del Sr. Hubbard, El Camino a la Felicidad, que ahora se encuentra en manos de unos 62 millones de lectores y proporciona una fuerza asombrosa para la paz y la decencia.
El punto importante, y crucial, es este: L. Ronald Hubbard ha proporcionado los medios para reparar cada violación de los derechos y deficiencia cultural que nos acosan en este siglo xxi. Además, él ha inspirado a las iglesias de Cienciología para formar un baluarte verdaderamente poderoso contra quienes perpetúan esas deficiencias culturales.
"Si abogas por la dignidad y la libertad de la humanidad, eres cienciólogo de corazón, aunque no lo seas de nombre", escribió en una ocasión.
"Creemos en la humanidad. Podemos ayudar al hombre, a nuestros países y a la sociedad, y lo estamos haciendo.
"No somos 'un hombre'. Somos millones y estamos en todas partes".