La libertad de pensar
es el componente básico
de una sociedad libre, y es esencial para preservar los derechos humanos. Está expresada específicamente en la
Declaración Universal de Derechos Humanos, que concede "el derecho a la libertad de pensamiento" y "el derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el no ser molestado a causa de sus opiniones..."
Con la intolerancia hacia las minorías raciales, étnicas y religiosas aumentando en toda Europa a finales de la década de 1990, la Iglesia de Cienciología Internacional lanzó una campaña en todo el continente para promover la libertad de pensamiento, alentando a la población a dar una nueva mirada a la sociedad. Una serie de anuncios, vallas publicitarias, folletos y anuncios de radio estuvieron enfatizados por el único mensaje de "Piensa por ti mismo". Imágenes de famosos artistas, científicos y aventureros independientes --Mozart, Einstein y otros-- mostraron cómo
cada uno hizo que las cosas fueran diferentes al buscar la verdad y
reservarse su propia opinión. El animar a la gente a "pensar por sí misma" motivó que muchos hicieran exactamente eso, y que rechazaran los estereotipos de los medios de difusión masivos sobre los grupos minoritarios que avivan la intolerancia.
Lo opuesto a la libertad de pensamiento es el esfuerzo de controlar y manipular a la población con propaganda, adoctrinamiento y modificación del pensamiento; es decir, control mental.
L. Ronald Hubbard y la Iglesia de Cienciología han expuesto públicamente esta infame práctica y han luchado contra ella durante más de cinco décadas. A mediados del siglo xx, durante lo más intenso de la era de la guerra fría, se desarrollaron programas gubernamentales encubiertos en Estados Unidos y el Reino Unido para manipular la mente del hombre con drogas especiales y tratamiento psiquiátrico coercitivo. Esos programas de "control mental", ahora de triste fama, dirigidos por las agencias de inteligencia norteamericanas y británicas, incluyeron implantar ideas o impulsos destructivos en una persona sin su consentimiento. A pesar de que en 1951 la existencia de los programas de "control mental" era un secreto muy bien guardado, uno de los primeros, si no el primero, en descubrir y condenar públicamente este abuso fue L. Ronald Hubbard en su libro La ciencia de la supervivencia, publicado ese mismo año.
Los responsables de tales abusos tomaron represalias con una masiva campaña difamatoria contra el Sr. Hubbard y Cienciología, que duraría varias décadas. En el ínterin, la Iglesia de Cienciología permaneció sin dejarse intimidar y fundó la Comisión de Ciudadanos por los Derechos Humanos (CCHR) en 1969 en Londres. El mandato de CCHR era exponer y erradicar los abusos a los derechos humanos perpetrados por psiquiatras y otros profesionales de la salud mental contra sus a menudo involuntarias víctimas.
En un informe de 1986 a la Comisión para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, Erica-Irene Daes, galardonada con el premio por los Derechos Humanos de la ONU (1993), concluyó: "CCHR ha sido responsable de muchas grandes reformas. Al menos 30 proyectos de ley en todo el mundo, que de otra forma hubieran inhibido aun más los derechos de los pacientes, o le habrían dado a la psiquiatría el poder de internar a grupos minoritarios e individuos contra su voluntad, han sido derrotados por las actividades de CCHR". Desde que la Sra. Daes escribió esas palabras, el número de tales proyectos de ley desaprensivos y represivos que CCHR ha impedido que se conviertan en ley se ha elevado de 30 a 110.
Hoy, CCHR ha adquirido una reputación bien ganada como un poderoso guardián internacional de los derechos humanos, y tiene 133 filiales en 34 países.