La piedra angular de la democracia es la libertad de culto. Para florecer, esa libertad debe incluir la tolerancia de creencias distintas. Es una de las grandes paradojas que, mientras las religiones actúan como fuerzas fundamentales para el respeto mutuo y la paz, un porcentaje significativo de la agitación mundial se crea por la intolerancia profundamente arraigada hacia otros credos y prácticas.
Como resultado, la religión hoy en día está sujeta a mucha discusión y consideración crítica. Aun así, en ningún momento ha sido más importante su influencia civilizadora. Vivimos en un mundo donde muchas soluciones presentadas para remediar los problemas apremiantes del mundo ignoran la naturaleza espiritual de la humanidad. La explosión de intolerancia, el azote del consumo de drogas, los males crecientes del analfabetismo, el crimen y la inmoralidad, el rápido aumento del terrorismo y el conflicto internacional demuestran la inutilidad de las soluciones puramente científicas.
Las organizaciones religiosas, por lo tanto, tienen una contribución muy importante que hacer para resolver los problemas de la sociedad. En efecto, las iglesias de Cienciología de todo el mundo sostienen que la reafirmación de la primacía del espíritu humano generará un resurgimiento en nuestra civilización.
Los instrumentos de los derechos humanos internacionales, como la Convención Europea de Derechos Humanos y el Documento Concluyente de la Conferencia de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa de 1989, declaran que cada persona tiene el derecho a expresar, practicar y profesar sus creencias religiosas. Esa libertad incluye el derecho de poseer las escrituras y textos de la propia religión, de celebrar oficios religiosos y criar a sus hijos en la tradición religiosa propia, sin interferir con la elección religiosa al alcanzar la madurez.
Con este fin, durante cinco décadas la Iglesia y sus miembros se han dedicado a la causa de la libertad de culto en todo el mundo. Han ayudado a investigar y exponer la discriminación de organismos gubernamentales contra una gran variedad de organizaciones religiosas, incluyendo movimientos cristianos, musulmanes, hindúes, budistas, así como los cienciólogos. Por ejemplo, en Alemania, la Oficina de Derechos Humanos de la Iglesia ha documentado más de 1.500 casos de discriminación, y ha trabajado con muchas de las personas afectadas para ayudarlas a abordar y resolver la situación.