Es realmente una herencia que comparten las religiones: la ambición de mejorar el mundo del hombre, traer paz y socorro siempre que se necesite. A pesar de que esa intención original a veces puede oscurecerse hoy
en día, en un mundo profundamente dividido por el conflicto religioso, se puede afirmar con considerable justificación que la religión ha servido como principal influencia civilizadora a lo largo de
la historia.
Las Iglesias de Cienciología comparten esa misma herencia, y han consagrado su responsabilidad a tales principios en las escrituras de la Iglesia. De hecho, las Metas de Cienciología, expresados por primera vez en 1954 por el fundador de la religión, L. Ronald Hubbard, son:
"Una civilización sin demencia, sin criminales y sin guerra, donde el capaz pueda prosperar y los seres honestos puedan tener derechos, y en donde el hombre sea libre para elevarse a
mayores alturas..."
En su lucha por alcanzar esos objetivos, desde los primeros días de la religión, los cienciólogos han asumido la responsabilidad y se han ofrecido para asegurar los derechos fundamentales y la libertad de todos los pueblos. Es una creencia firme entre los cienciólogos
que una amenaza a la libertad de cualquier individuo es una amenaza a la libertad de todos.
Ya que Cienciología otorga gran importancia a la libertad del individuo para buscar la felicidad y desarrollar su potencial pleno, era natural que los miembros de las Iglesias de Cienciología abrazaran la causa de los derechos humanos, expresadas en la Declaración Universal de Derechos Humanos. Escrita como respuesta a las atrocidades globales de la segunda guerra mundial, la Declaración expone que "la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana".
Un axioma similar sustenta las Metas de Cienciología. A pesar de ser apolítica, Cienciología está de acuerdo con el precepto de que, según las palabras de
L. Ronald Hubbard, "un gobierno benigno, ideado y dirigido para todas
las personas... merece apoyo". La democracia por su propia naturaleza asume la creencia en las buenas intenciones esenciales de hombres y mujeres, y su capacidad de concebir reglas de coexistencia constructiva y pacífica. Postula que los individuos deben ser libres de pensar por sí mismos y que el gobierno es servidor de la población, no amo de esta. Las Iglesias de Cienciología reconocen que los principios de la democracia ofrecen un hogar ideológico para los derechos humanos, y una plataforma para su fomento, que no tiene paralelo con ninguna otra forma moderna de gobierno.
Durante medio siglo de esfuerzo dedicado, los cienciólogos han luchado duro para impulsar no sólo tales derechos humanos como la libertad de expresión y de culto, sino también para centrar la atención del público en los abusos que algunos pueden no reconocer a primera vista, de hecho, como violación a los derechos humanos. Y aunque la propia historia y experiencia de la Iglesia ha demostrado que defender los derechos humanos puede provocar oposición y hostilidad, los cienciólogos afirman
que no hay otra opción. La libertad tiene precio, y la autocomplacencia sólo conduce a la ruina.