Vivimos en un mundo aquejado por la desigualdad y la contradicción. Nuestros parlamentos han prohibido una variedad de prácticas inhumanas y han aprobado leyes dirigidas a asegurar que a todos se les trate igual; sin embargo, las organizaciones de derechos humanos nos recuerdan que para la mayoría de los 6 mil millones de seres humanos del mundo, la vida continúa siendo una lucha dolorosa por la existencia contra la injusticia y el abuso.
Dado el barniz de urbanidad moderno de hoy en día, los detalles pueden causar alarma.
En su Informe de 2004, Amnistía Internacional describió violaciones significativas a los derechos humanos en 155 países. El número de quejas ante la Corte Europea de Derechos Humanos se ha elevado a un ritmo vertiginoso: de un poco más de 1.000 en 1988 a 38.000 en 2003.
Además, se ha documentado ampliamente que en algunos países del occidente de Europa, la simple afiliación a una minoría religiosa o étnica puede conducir a que alguien sea despedido del trabajo, que se le cancelen sus cuentas bancarias, e incluso a que las escuelas se rehúsen a inscribir a sus hijos.
¿Hay un común denominador detrás de esas inseguridades e injusticias? ¿Hay algún factor causante que si se identificase y remediase ayudaría a generar una sociedad segura, estable y justa? La cuestión no es de poca importancia: vivimos en una era en la que con el poder de las armas y los avances de la ciencia no podemos darnos el lujo de permitir que las tensiones internacionales continúen escalando.
Responder con un sí definitivo sería pretender demasiado. Sin embargo, hay un importante factor que contribuye a esto y que podemos aislar. Según importantes organizaciones de derechos humanos y figuras políticas internacionales, es el respeto por los derechos humanos lo que se hace evidente como ingrediente indispensable para formar sociedades estables. La violación de los derechos humanos no sólo daña a las víctimas inmediatas, sino que contribuye a las tensiones sociales, y puede fomentar el terrorismo y el crimen debido al odio. Nada menos que una autoridad como el Secretario General de la ONU, Kofi Annan, ha observado: "La violación de los derechos humanos a gran escala no sólo es producto del conflicto civil y étnico, sino una causa importante de tales conflictos".
Está claro que no es suficiente colocar la protección de los derechos humanos exclusivamente dentro del marco de la ley nacional e internacional. Aunque esos son pasos necesarios, la naturaleza e importancia de los derechos humanos debe comprenderse y aplicarse plenamente por la población, así como por su gobierno.
De este modo, la tarea de educar a los individuos en los derechos humanos debe ser un asunto primordial para cada gobierno que busca la paz y la prosperidad para sus habitantes, y de hecho, para cualquier sociedad que desee sobrevivir. De otro modo, contemplar un futuro sin derechos humanos que predominen es vislumbrar un mundo sin control.